Mientras afuera los índices marcan recesión, adentro del estudio de un streaming oficialista la economía parece funcionar en un universo paralelo. Uno donde el desempleo es apenas una anécdota, la inflación un “dato normal” y cualquier trabajador puede elegir entre comprarse un auto o una casa como quien decide entre un jean o un electrodoméstico.
El ministro de Economía, Luis Caputo, salió esta semana a defender su gestión con un relato que, para millones de argentinos, suena más a ficción que a realidad. En un intento por contrarrestar las mediciones adversas que muestran los efectos del ajuste, el funcionario optó por minimizar el drama social y construir una imagen de bonanza que choca de frente con la vida cotidiana.
“Es normal que suba el desempleo”
Caputo admitió que el desempleo aumentó, pero le quitó peso con una frase que helaría a cualquier trabajador en la calle: lo consideró un fenómeno “normal” en esta etapa de “transformación”. Como si perder el sustento fuera un trámite esperable en el camino hacia la estabilidad.
Lo mismo ocurrió con la inflación. Luego de que los precios se dispararan en los últimos meses, el ministro reconoció los números pero los enmarcó dentro de una supuesta fase de transición. Según su mirada, el consumo, la actividad económica y las exportaciones estarían en niveles “récord”, una afirmación que contrasta con los datos que muestran una caída sostenida del poder adquisitivo y una recesión que no termina de ceder.
El auto como símbolo (de una realidad que no es la de todos)
La joya del relato oficial llegó con ejemplos que, lejos de reflejar el día a día de la mayoría, parecen salidos de una burbuja.
El ministro celebró que los autos sean “mucho más accesibles” y que la gente tenga crédito para comprarlos. Como prueba de este supuesto bienestar, se mencionó el caso del hijo de un alto funcionario: alguien que antes “se compraba 200 pares de zapatillas” y hoy, según la lógica oficial, eligió dar el salto a un automóvil.
El propio titular de ARCA aportó su testimonio: vendía ropa interior, pero ahora la gente supuestamente dejó de comprar prendas en cuotas para volcarse a inversiones mayores como una casa o un auto. La conclusión que dejaron flotando en el aire fue que los hábitos de consumo cambiaron porque hoy existe “previsibilidad” y “acceso al crédito”.
Lo que no se mencionó en esa escena de optimismo forzado es que el crédito sigue siendo un privilegio para una minoría, que los salarios no acompañaron la suba de precios y que para la mayoría de los argentinos la idea de elegir entre un auto y una casa suena más a sarcasmo que a oportunidad.
El crecimiento invisible
La estrategia del Gobierno en los últimos días ha sido clara: salir a instalar que el vaso está medio lleno, aunque las encuestas y los indicadores sociales muestren lo contrario. El secretario de Finanzas, Federico Furiase, abundó en la misma línea con una afirmación que buscó desmentir el malestar generalizado: no habría “mucha gente que esté peor”, sino todo lo contrario.
Para sostener esta versión, los funcionarios apelaron a un argumento recurrente: antes la gente compraba aceite y atún porque los pesos “quemaban”, y hoy, gracias a la estabilidad, puede pensar a mediano plazo. El problema es que esa “estabilidad” llegó de la mano de un ajuste feroz que empujó a millones a la línea de pobreza y dejó a cientos de miles sin trabajo.
“La economía no es para todos igual”
Caputo soltó una frase que, por sincera, resultó reveladora: la economía no es pareja para todos. Algunos, dijo, se adaptarán más rápido a este nuevo escenario; otros, tardarán más. Traducido sin eufemismos: mientras algunos funcionarios celebran la compra de autos, una parte de la población espera que el ajuste no le siga arrancando pedazos de su sustento.
Cuando los periodistas le preguntaron con los datos en la mano, el ministro respondió con una embestida contra la prensa. Acusó a los medios críticos de mirar solo los sectores que no repuntan para instalar una “mega recesión” que, según su visión, no existiría. Dijo que el periodismo “roza lo absurdo” y que lo único que logra es perder credibilidad.
Entre el streaming y la calle
Mientras en el estudio de streaming oficialista se celebraban los logros de una gestión que promete orden y transformación, en las calles de la Argentina los números siguen contando otra historia. La del desempleo que crece, la de los precios que no se detienen y la de una recesión que para millones no es un concepto abstracto sino el día a día de llegar a fin de mes.
El Gobierno salió a jugar sus fichas en el terreno de la comunicación. Pero el relato de los autos, las casas y las zapatillas en cantidades industriales corre el riesgo de quedar tan lejos de la realidad como el país imaginario que algunos funcionarios parecen habitar. Porque cuando el ministro habla de “transformación”, quienes perdieron su empleo o vieron licuado su salario saben que esa palabra tiene otro nombre: ajuste.